Análisis político de derecha desde Bquilla.
Opinión

Sentido Común Barranquillero 💚💛❤️🇨🇴

Quiero que el domingo gane Abelardo De la Espriella. Electoralmente, no hubo una diferencia significativa en la primera vuelta y es hora de que de una vez por todas, nos sacudamos de esa vieja época de zurdos sin resultados, que nada bueno le dejaron a nuestra patria chica.

Quiero que el domingo gane Abelardo De la Espriella. Electoralmente, no hubo una diferencia significativa en la primera vuelta y es hora de que de una vez por todas, nos sacudamos de esa vieja época de zurdos sin resultados, que nada bueno le dejaron a nuestra patria chica.

Ya son casi dos décadas desde la primera vez que Alejandro Char fue elegido alcalde de esta ciudad. Sus obras hablan por sí solas; no hay que ser charista para reconocerlas. Ahí están, y todos las disfrutamos. No se vale que en la verdadera ciudad milagro de este país, gane un candidato que no solo no nos representa ideológicamente, sino que tampoco tiene una pizca de sabrosura caribe ni mucho menos de pujanza currambera. Iván Cepeda es todo aquello con lo que no nos identificamos.

Alejandro, en su eterna obsesión por la ejecución, ha sido siempre un hombre que ha esquivado las etiquetas de izquierda o derecha. De hecho, recuerdo que cuando inscribió su candidatura presidencial procuró instalar la idea de que su único partido político era el de las soluciones a los problemas ciudadanos. Y así ha sido. Pero eso no significa que debamos olvidar que tuvo que reconstruir con su equipo una ciudad hecha trizas por gobiernos de tinte socialista en el pasado.

Además durante demasiado tiempo, Colombia se ha pensado exclusivamente desde Bogotá, como si el país real terminara donde acaba la Sabana. Las regiones han sido vistas como simples receptoras de decisiones tomadas a cientos de kilómetros de distancia. Barranquilla, en cambio, ha demostrado que cuando una ciudad cree en sí misma, puede desafiar todos los pronósticos.

Nuestra ciudad tiene una identidad propia. Una manera particular de entender la vida, el trabajo, el progreso y la convivencia. Somos el resultado de generaciones de inmigrantes, comerciantes, trabajadores y emprendedores que encontraron aquí un lugar para prosperar y construir. Defender esa identidad más que un acto de confrontación ideológica; es un acto de autoestima colectiva.

Por eso esta elección también representa una discusión sobre la autonomía intelectual de los territorios. Sobre el derecho de las ciudades a construir su propio destino sin que les impongan desde los centros de poder modelos ideológicos ajenos a su realidad. Barranquilla ha prosperado cuando ha confiado en sí misma, cuando ha apostado por el mérito, la gestión, la apertura al mundo y el liderazgo local. Ese espíritu es precisamente el que debemos preservar.

Tengo la ilusión de que De la Espriella despache más desde Barranquilla que desde la fría capital. Su presencia permanente aquí permite pensar eso. Sería nuestro verdadero cuarto de hora, y no podemos desperdiciar esa oportunidad. Por primera vez en mucho tiempo, podríamos tener un presidente que comprenda desde adentro la realidad del Caribe colombiano y que entienda que el desarrollo nacional no pasa únicamente por Bogotá.

Barranquilla debe rugir el domingo. Debe demostrar en las urnas el orgullo que siente por sí misma. No es cierto que aquí vaya a imponerse una cuadrilla de arengadores que no han arreglado ni un hueco en una calle y que defienden doctrinas más pasadas de moda que las del propio Stalin en la Unión Soviética.

En Barranquilla sí hay derecha. Quizás no una derecha doctrinaria ni obsesionada con etiquetas ideológicas, sino una que nació del sentido común. Una derecha que aprendió que las ciudades progresan cuando se administran bien, cuando las obras se ejecutan, cuando se premia el esfuerzo y cuando el Estado sirve a los ciudadanos en lugar de servirse de ellos. Una derecha que pudo surgir orgánicamente o como reacción a los liderazgos fallidos de quienes prometieron mucho y construyeron poco.

Necesitamos que gane el Tigre para tener un Gobierno Nacional verdaderamente aliado, capaz de reconocer, sin complejos centralistas, el potencial de capital latinoamericana que tiene nuestra ciudad.

Barranquilla es distinta, orgullosamente distinta. Nuestra forma de entender el progreso nace de la experiencia concreta de ver transformada una ciudad que muchos habían dado por perdida.

En Barranquilla hay con qué. Aquí ganará el sentido común: el que premia lo hecho y castiga a quienes solo enarbolan discursos, pero nunca hacen nada.