Hace poco, en Madrid, Shakira bailó con más de un centenar de hacedores del Carnaval de Barranquilla en el Macondo Park que acompañó su residencia. Mapalé, marimondas, Congo Grande, Gigantona, Son Calimba… los ritmos y las máscaras de la Puerta de Oro cruzaron el Atlántico y se instalaron en una ciudad que, durante semanas, vivió un pedazo de Carnaval cada noche. No fue un gesto simbólico aislado. Fue la imagen más nítida de lo que está ocurriendo con la marca Barranquilla: una ciudad que pasó de reconstruirse a proyectarse, y que ya no pide permiso para ocupar escenario.
Esa proyección tiene historia. Álex Char imaginó y cimentó la ciudad que hoy se reconoce. El Gran Malecón, la recuperación del espacio público, la apuesta por la educación y el deporte, el cambio de relato de una urbe que durante años se veía a sí misma de espaldas a su río y a su potencial. Char no solo ejecutó obras; construyó una narrativa de ciudad posible y la volvió tangible. Esa Barranquilla es la que hoy sirve de plataforma.
Jaime Pumarejo consolidó avances en educación —incluyendo la apuesta por el bilingüismo en los colegios públicos—, empujó proyectos ambientales como el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín, avanzó en la idea de una ciudad que se relaciona de otra manera con su entorno.
De este periodo, la sorpresa ha sido Ana María Aljure. Desde la Gerencia de Ciudad ha amplificado con claridad la vocación internacional que ya existía, pero que ahora se ejecuta con ritmo y sin complejos. Sus recientes gestiones en Madrid —acercamiento a autoridades, empresarios, la experiencia de la Fórmula 1, la promoción de la ruta aérea directa y del Carnaval como Patrimonio de la Humanidad— no son anécdotas de agenda. Son muestras de una funcionaria que entiende que Barranquilla ya puede hablar de tú a tú en escenarios europeos. Lo mismo se ve en su participación en el Americas Competitiveness Exchange de la OEA, en la gestión del aeropuerto Ernesto Cortissoz, en la nominación a los World Travel Awards o en la articulación de inversión y turismo. Aljure se perfila, con naturalidad y sin anuncios formales, como figura de peso para 2027. Lo que llama la atención no es solo su trayectoria técnica y su cercanía al proyecto Char, sino que no le da miedo la tribuna global. Sale, argumenta, muestra y regresa con resultados.
La ciudad que Char imaginó ahora intenta convertirse en capital latinoamericana de verdad. No solo por tamaño o por PIB, sino por la combinación de infraestructura, cultura, capacidad de gestión y capacidad de seducir. Los indicadores de inversión, las visitas de delegaciones internacionales, los reconocimientos y la agenda cultural lo respaldan. Aún falta camino —seguridad, desigualdad, empleo de calidad—, pero la dirección es clara y el momentum, visible.
Y entonces aparece Shakira en el Macondo Park con los bailarines barranquilleros. No es solo orgullo local. Es la cereza en el pastel: la artista más global de la ciudad llevando, junto a la administración local, un pedazo vivo de Carnaval a cientos de miles de espectadores en Europa. Cuando Shakira suena y los tambores barranquilleros responden en Madrid, la marca deja de ser discurso y se vuelve experiencia. Eso no se improvisa. Se construye con obras, con continuidad y con gente que no se asusta de mirar más allá de la orilla del Magdalena.
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Macondo park ha Sido la cereza en el pastel.