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Bquillero a Boston, de IUB a Harvard

Más que cemento: la universidad pública de Barranquilla manda a su primer estudiante a Harvard

A Barranquilla se le critica con frecuencia por ser “la ciudad del cemento”. Se dice que Alejandro Char solo sabe hacer obras, que su modelo se reduce a vías, parques, malecón y edificios, y que lo social y lo educativo queda en segundo plano. El argumento tiene eco porque las transformaciones urbanas se ven y se fotografían. Pero reduce a la ciudad a una sola dimensión y pasa por alto lo que ocurre en un frente menos visible y, a la larga, más transformador: la educación superior pública.

La Institución Universitaria de Barranquilla (IUB), la universidad pública de la ciudad, acaba de enviar a su primer estudiante a una pasantía de un año en Harvard. Mac Linder Africano Castro, de Ingeniería Mecatrónica, realizará investigación en el laboratorio del doctor Sunil Puria en el Mass Eye and Ear de la Harvard Medical School, con tiquetes, visa y gastos de estadía cubiertos. No es un viaje de turismo académico. Es el resultado de un convenio firmado en 2025 entre la IUB y esa institución, impulsado desde la Alcaldía, que abre la puerta a estancias de investigación de hasta doce meses para estudiantes y profesores de ingeniería.

Que un joven de la universidad pública de Barranquilla llegue a uno de los entornos de investigación más exigentes del mundo no es un milagro aislado. Es el producto de una apuesta que lleva años: ampliar cobertura, mejorar estándares y conectar la IUB con el mundo. La institución, antes ITSA, pasó a ser la única universidad pública del Caribe con acreditación institucional de alta calidad. Programas como IUB al Barrio llevan la oferta educativa a colegios de los barrios por las tardes y noches, reduciendo la barrera de la distancia. La matrícula creció de forma significativa y se apostó por internacionalización. El convenio con Harvard es la expresión más visible de esa estrategia.

Char ha defendido públicamente este modelo: usar la infraestructura existente (colegios públicos en jornada tarde-noche y la propia IUB) para multiplicar cupos en educación superior sin esperar a construir decenas de nuevas universidades. La crítica del cemento se centra en lo que se construye; el contraargumento está en lo que se forma. Un estudiante que regresa de un laboratorio de Harvard no solo trae conocimiento técnico. Trae la demostración de que la educación pública de la ciudad puede competir en escenarios globales y de que el talento de los barrios no se agota en las obras de infraestructura.

Por supuesto, un solo estudiante no transforma el sistema. Barranquilla sigue necesitando más cobertura de calidad, más investigación propia y mejores tasas de retención y graduación. Pero el hecho de que la universidad pública de la ciudad ya esté enviando a uno de sus estudiantes a Harvard con apoyo institucional desmonta la idea de que aquí solo se hace cemento. Las obras cambian el paisaje; la educación cambia las trayectorias. Cuando ambas avanzan, la ciudad deja de ser solo un escenario de transformación urbana y se convierte en un lugar donde el talento local puede aspirar, con bases reales, a los espacios más exigentes del mundo.

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